Esta es una parte del libro que ahora escribo, lo comparto para que vayan conociendo la vida tan intensa de este nuevo personaje: Lorenzo Covarrubias.
“En su rostro se dibujaba la figura de un hombre cansado, agotado de vivir una vida sin sentido. Preguntándose el porque de su camino. Muchos rostros pasaban en su memoria en donde ya las telarañas podías ser tan visibles como el cielo azul en otoño; eran rostros que apenas podía recordar y que se habían alejado como se aleja el velero y se esconde en el horizonte.
Los violines armonizaron con un dulce cantar y la mano de su padre a quien tanto había amado le toco la mejilla. Sus lagrimas enjuagaron las cansadas y viejas manos del hombre que le enseño a amar la música. Su voz repetía las palabras de un bohemio que muchas veces había brindado y con su copa levantada compartía palabras y embelesaba los cantares. Era la voz de un hombre andante, que su mirada siempre reflejo el cansancio de la vida misma.
La respiración disminuyo, fue como si ya estuviera listo para partir. Muchas veces quiso hacerlo, pero esta noche era diferente. El dolor de sus manos era tan real como el agua limpiando sus heridas. Heridas del alma que por tantos años había tratado de ocultar. La dulzura de la música lo tranquilizo, era como un sedante para el dolor, una distracción, un sobre volar un mundo sin sentido pero que en cada nota se encontraba con el dios que nunca pudo alcanzar, con el perdón que no pudo recibir, con el ideal que nunca consiguió.”